El triángulo de tu mejilla

Un buen retrato es hipnótico. Un rostro expresivo, un rasgo característico, un gesto que nos haga buscar la mirada del retratado hasta que choque con la nuestra. Para conseguir un buen retrato entra en juego la sensibilidad del artista, que interpreta los rasgos según las características que busca resaltar y lo que quiere comunicar.

Si como fotógrafos estamos buscando un efecto dramático sobre nuestro retratado uno de los esquemas de iluminación que mejor funciona es el conocido como Rembrant. Inspirado en este genio del barroco los retratados tienen un pequeño triángulo de luz bien definido sobre la mejilla que se encuentra en el lado menos iluminado del rostro.

Para conseguir esta iluminación necesitamos que la luz principal se sitúe a 45° del retratado y la luz de relleno debe colocarse en el lado opuesto a la luz principal, más elevada. Debemos asegurarnos de que la luz ilumina sus ojos, consiguiendo imágenes muy expresivas y de gran fuerza visual.

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