Desde 1960, el fuego a quemado casi el 25 % del territorio nacional y presenta una tendencia creciente que coincide históricamente con fenómenos sociales como la despoblación rural y el abandono de los montes, siendo ésta una de las causas de que nuestras montañas, verano tras verano, sean pasto de las llamas.

Y el bosque arde porque faltan manos para cuidarlo o, en su defecto, políticas que lo hagan.

La insólita belleza de un bosque incendiado nos remite a lo fugaz y frágil de nuestra existencia, en la que unos pocos árboles en pie calcinados, auténticos héroes naturales, simbolizan el sacrificio y el esfuerzo de la naturaleza por seguir adelante en el ciclo eterno de la vida y la muerte.

El Bosque Ausente es un sincero homenaje a los árboles muertos. A los que aún siguen en pie.

Este proyecto se inició en el verano de 2012 hasta la fecha y está realizado con cámaras de gran formato.

Parte del proyecto se publicó en el Pais Semanal el 10 de julio de 2017, bajo el título Cuando los árboles se visten de negro

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La Cámara Roja
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