El mar suele ser símbolo de libertad y fuerza natural, de calma y tempestad. También dicen que el mar posee la condición dual de aliviar y abrir heridas profundas.

Para mí, contemplar el mar tiene, un efecto sedante, similar a ver chisporrotear las llamas en una hoguera: parece amable e invita tocarlo, pero es una ilusión. El mar como el fuego, nos engaña a primera vista.

Desde la orilla, el mar es infinito, como nuestro pensamiento y devenir mental.

Esta serie resume una práctica fotográfica basada en la contemplación, en la acumulación de percepciones y en la suma, por igual, de tiempos y errores necesarios para la creación de una imagen consciente que pretende conectar una emoción con la sensación de infinitud que percibo mirando al mar.

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La Cámara Roja
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